
No cabe discusión alguna en la afirmación de que Michael Jordan fue el más grande de todos los tiempos, pero si entramos a valorar otras cuestiones, tales como quién fue realmente el jugador que creó el baloncesto moderno, o incluso quien fue el más admirado tanto por aficionados como por rivales, hay que hablar de Julius Erving, el Doctor J. El Doctor fue revolucionario por como entendía el juego, innovando una sucesión de movimientos y vuelos, dotados de una elegancia incomparable tanto en aquella época como en estos tiempos, un absoluto mago con el balon entre las manos, un genio del baloncesto. Pero Julius fue importante no sólo por lo que hacía en una cancha, sino también fuera de ella. Decir que salvó a la NBA, cuando a mediados de los 70 aquello era lo más parecido a un convención de yonkies, es poco. Fue algo más que un embajador para la liga, más bien el espejo en el que todos los jovenes afroamericanos quisieron reflejarse, hasta convertirse en un Jesucristo negro con el aura que desprendía con su pelo afro. Y como ídolo de una generación y auténtico icono social ( llegando a protagonizar Basket Music, quizá la película de baloncesto más delirante jamás hecha), entendió que la mejor manera de responder a esa admiración que generaba su mera presencia era, primero, con enorme respeto y amabilidad hacia las oleadas de aficionados, para luego pasar a convertirse en defensor de las causas más desfavorecidas. Por todo ello, cuando finalmente ganó su ansiado título en el año 1983, título que tantas veces se le había escapado en duelos míticos contra los Celtics y los Lakers, todos los aficionados del mundo se felicitaron porque el Doctor finalmente lo había conseguido...
Palmarés:
4 veces MVP de la liga (3 en la ABA y 1 en la NBA)
Máximo anotador de la ABA en 1973 y 1975
16 veces All Star (2 veces MVP del partido)
5 veces elegido en el mejor quinteto de la NBA
Uno de los 4 únicos jugadores de la historia en superar los 30.000 puntos en su carrera profesional
Tanto los Nets como los Sixers han retirado las camisetas con los números 32 y 6 respectivamente como homenaje.
Elegido uno de los 50 mejores jugadores de la historia de la NBA en 1996
Miembro del Basketball Hall of Fame desde 1993.
Julius Erving ha realizado una infinidad de jugadas que pertenecen por derecho propio a la cápsula del tiempo, pero quizá las dos más recordadas son:
The Baseline move
Ocurrió durante el cuarto partido de las Finales de 1980, Julius penetró por la línea de fondo del lado derecho del campo, con el brazo totalmente extendido un metro por detrás del tablero, y encontrándose en el camino a la inmensidad de Kareem Abdul-Jabbar, Erving giró sobre sí mismo, y a canasta pasada dejó una bandeja inverosímil que tras dar en el tablero entró por el aro. Se dice que Magic Johnson llegó a comentar al árbitro que la jugada debía haber sido anulada por fuera de banda
Rock The Cradle
Ocurrió en 1983, en un partido de la temporada regular de nuevo ante los Lakers. Una pérdida de balón originó un rápido contraataque por el lado izquierdo, recibiendo Erving el balón todavía en su campo, atravesó toda la cancha siendo perseguido por Michael Cooper, y realizó un movimiento que se denominó Rock The Cradle (mecer la cuna), agarrándose el balón entre la mano y la muñeca y girando el brazo 360 grados para acabar consiguiendo el mate delante de un desesperado Cooper
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