domingo, 16 de noviembre de 2008

DONDE PONGO LA VIDA PONGO EL FUEGO



Recojo esta noche este pequeño gran poema de Ángel González, con motivo de la publicación hará un par de semanas del último trabajo de Miguel Ríos, “SÓLO O EN COMPAÑÍA DE OTROS”, principalmente un refrito de temas que fueron editados con anterioridad en diferentes discos de tributo, homenajes o como colaboraciones a petición de compañeros que querían tener su voz en sus trabajos. ¿Y entonces? ¿Cuál es la verdadera razón de publicar un post sobre este disco? Básicamente la inclusión de una serie de temas inéditos que resultan espléndidos con el que recupera el espíritu del rock más clásico cantado en nuestra lengua. Entre ello destaca sobre todo la estremecedora versión que realiza Ríos de este soneto. Cierto, estos versos ya fueron interpretados con anterioridad en el proyecto de Pedro Guerra llamado “La Palabra en el Aire”, de tan infausto recuerdo para mí (ella sabe por qué…), pero esta versión no tiene nada que ver con aquella. Ríos reinventa lo que ya estaba inventado y transforma por completo la canción al darle una atmósfera más propia del blues sesentero, con la que dota al tema una emotividad incomparable. Y a ello contribuyen sin duda los increíbles solos de guitarra de Javier Pedreira, generando como resultado una de las mejores canciones del año.

LA VIDA EN JUEGO

De Ángel González

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, toco la herida.
Donde dejo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego.

Lo que me queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.
Pero nunca o amor, mi fe segura:
jamás o llanto, pero mi fe fuerte.


http://www.megaupload.com/es/?d=ENIBSX0M.

martes, 11 de noviembre de 2008

EL DIABLO DE TU CORAZÓN

CASH

En estos momentos de estable inestabilidad que estoy atravesando (capaz de ver un día el blanco más puro y al siguiente el negro más oscuro), nada mejor que buscar acompañamiento en el que quizás es el mejor epitafio musical que se ha dado en la historia. En el año 2002, dentro de su serie de discos American Recordings, un moribundo Johnny Cash, aquejado de una grave enfermedad neurogenerativa que iba minando poco a poco sus últimos instantes de vida, realizó un último suspiro de genialidad con esta versión minimalista de "Hurt", popular himno depresivo de Trent Reznor y sus Nine Inch Nails. Aviso a navegantes, esta versión producida por Rick Rubin está dotada de una crudeza sin igual, desnudando el alma de un hombre que observa con impotencia como todo aquello cuanto tenía se ha desmoronado, un auténtico puñetazo seco dirigido a las entrañas. Nada mejor para expresar ese dolor impregnado a fuego lento en la propia piel que ese inicial verso demoledor “me hago daño a mí mismo… sólo para comprobar que todavía puedo sentir”. El crepuscular vídeo de «Hurt» fue aclamado tanto por crítica como por el público e incluso por el propio Trent Reznor, quien afirmó que no ha vuelto a escuchar su propia versión desde que escuchó la inigualable realizada por Cash.

lunes, 10 de noviembre de 2008

viernes, 7 de noviembre de 2008

CRÓNICAS NBA: QUE EL MUNDO SEA LIBRE


Hace una semana y pico que ha empezado la nueva temporada de la NBA, algo que los aficionados al basket estábamos esperando como agua de mayo tras los dos acontecimientos que marcaron el final de la temporada anterior: el revival Celtics vs Lakers y, sobre todo, EL PARTIDO DEL SIGLO, la finalísima de los Juegos Olímpicos Usa-España. Este año todo apunta a una repetición de la final del curso pasado entre los de Boston, ahora con un año más en las piernas y con el ansia de conseguir el anillo - tras más de veinte años de espera - colmada - y los Lakers con la reincorporación, tras más de seis meses de inactividad a causa de una lesión de rodilla, de Andrew Bynun, pívot del que se espera grandes cosas pero que a mí no me termina de convencer.

En España, estaremos pendientes de nuestros jugadores y de lo que puedan aportar a sus respectivas escuadras. De Pau y de Calderón poco queda de añadir, tan sólo mencionar respecto del segundo que va directo al estrellato y a su primer All-Star, tras la confianza depositada por los dirigentes de los Raptors en forma de supercontrato. También se ha hablado sobre las posibilidades que tienen tanto Rudy Fernández como Marc Gasol de ser nombrados Rookie del Año. Olvidadlo. Derrick Rose, flamante base que el año pasado casi llevó él solito a la universidad de Memphis al título de la NCAA, y ahora en los Chicago Bulls, obtendrá el galardón de calle, aunque los nuestros brillarán con luz propia.

De Rudy se espera grandes cosas, siendo el principal peligro para que su carrera quede truncada, su entrenador Nate McMillan, el cual ha condenado al ostracismo a nuestro Sergio Rodríguez (¡Vuelve al Estu, Sergio!). Rudy ha hecho ya buenos partidos y parece que este primer año su papel será el de sexto hombre, tipo Manu Ginobili. Eso sí, los Blazers poco harán este año con Brandon Roy como figura. Roy es el típico jugador muy bueno de cuello para abajo, pero que flojea de cuello para arriba. Y Greg Odem, número uno del Draft del año pasado, va camino de convertirse en la reencarnación de Sam Bowie (También es mala suerte, la de los Blazers).

Marc hizo hace dos noches un partido monstruoso, con 27 puntos y 16 rebotes, pero en su caso el principal problema es el equipo en el que juega (una banda) y los compañeros que tiene (unos chupones), lo que dificultará enormemente que pueda hacer un número decente de tiros por partidos. Por una parte tenemos a Rudy Gay, un tres-cuatro que no es ni tres ni cuatro (esto es, sin tiro exterior fiable ni contundencia física para pelear bajo los aros) lo que no le impide tirarse hasta las zapatillas. Y por otra, al base rookie O.J. Mayo, ejemplo de base cerebral donde los haya, capaz de hacer el día de su debut 5 de 20 en tiros, perder 7 balones y repartir una mísera asistencia.


Y esto es algo que no cambia, la cantidad de tiradores a discreción que existen en esta liga y que atentan contra las más elementales (y altruistas) reglas del juego. En honor a la verdad tengo que decir que la figura del base chupón, salido de cualquier barriada neoyorquina, siempre me ha despertado una sincera admiración, quizá porque no dejan de ser unos incomprendidos que aplican una lógica aplastante: “ si lo puedo hacer yo, ¿ para qué se la voy a pasar a los demás?”.

Volviendo la vista atrás en el tiempo, uno recuerda la perfecta sinfonía que ejecutaban los Philadelphia Sixers del año 1977, lo más parecido al ejército de Pancho Villa que ha existido sobre una cancha. Estos Sixers quizá fueron la mayor recopilación de talento, jugador por jugador, concentrada en un equipo. Estamos hablando del Doctor J, de Henry Bibby, del gran George McGinnis, de Darryl Dawkins, etc…. Eso sí, talento disperso, en el que cada uno hacia la guerra por su cuenta y el juego de equipo brillaba por su ausencia, lo que motivó que perdieran la final de aquel año ante unos ordenados y mucho más discretos Blazers encabezados por Bill Walton. Uno no puede evitar hacer un paralelismo con los Parliament psicodélicos y psicotrópicos de George Clinton, Bootsy Collins, Bernie Worrell, etc…. que triunfaban en aquella época.

En ese equipo de los Sixers, destacaba por méritos propios, Lloyd Free, un alopécico base de 1,90 con licencia para tirar todo balón que llegara a sus manos. De este modo en un equipo que ha pasado a la posteridad por el carácter imprevisible de sus jugadores así como por su absoluta falta de disciplina, ni que decir tiene que Free nunca tuvo problemas de adaptación. Posteriormente su carrera discurrió por un sinfín de equipos perdedores siendo siempre criticado por forzar sus tiros - a pesar de los dobles y hasta triples marcajes que le sometían los equipos contrarios - y por preocuparse más por su producción estadística que del bien de sus equipos. Sin duda la mejor definición de Free apareció en el diario Village Voice neoyorkino, el cual publicó en su día: “El bien apodado Free es un jugador-callejero-pistolero-artista-showman que lanza tiros estratosféricos que parecen maravillosos retratos cuando entran o auténticos ladrillos cuando no encuentran su destino”.

Pero además de todo ello Free fue un adelantado a su época, un auténtico contrarrevolucionario dotado de un espíritu pacifista y hippie. Un poco excéntrico, todo hay que decirlo, hasta el punto de cambiarse legalmente su nombre por el de World B. Free (“Que el Mundo Sea Libre”), convirtiéndose por ello en uno de los jugadores más queridos en la liga desde finales de los 70 hasta mediados de los 80. Sobre las razones de este cambio se conocen dos versiones. Según una de ellas el cambio es un homenaje al apodo “World” que un amigo con el que jugaba le puso debido a su facilidad para realizar mates de 360 grados gracias a su salto vertical de 44 pulgadas (más de 110 cm). La segunda versión reza que, ebrio de egocentrismo, se dio cuenta de que la gente, al pronunciar su nuevo nombre, propagaría un mensaje de paz en el mundo. Decantándonos por esta segunda versión, hacemos desde aquí nuestro más sincero homenaje a tal insigne personalidad, un auténtico chupón pero con qué clase

Por último para terminar esta entrada de título digno de película de James Bond, uno no puede evitar hacerse eco de la irrupción en la competición de un talento sin igual, llamado a crear una época y a cambiar para siempre este deporte. Estamos hablando de un fino estilista, capaz de hacer mejor a sus compañeros gracias a su visión de juego, dotado de una zurda prodigiosa y con una muñeca espectacular desde más allá de la línea de tres puntos. Por todo ello, y sobre todo cuando le vemos elevarse sobre cuantos rivales han salido a su paso para depositar suavemente el balón sobre el aro, no podemos dejar de pensar ¡Que grande es este deporte cuando aparece alguien como él!