En estos momentos de estable inestabilidad que estoy atravesando (capaz de ver un día el blanco más puro y al siguiente el negro más oscuro), nada mejor que buscar acompañamiento en el que quizás es el mejor epitafio musical que se ha dado en la historia. En el año 2002, dentro de su serie de discos American Recordings, un moribundo Johnny Cash, aquejado de una grave enfermedad neurogenerativa que iba minando poco a poco sus últimos instantes de vida, realizó un último suspiro de genialidad con esta versión minimalista de "Hurt", popular himno depresivo de Trent Reznor y sus Nine Inch Nails. Aviso a navegantes, esta versión producida por Rick Rubin está dotada de una crudeza sin igual, desnudando el alma de un hombre que observa con impotencia como todo aquello cuanto tenía se ha desmoronado, un auténtico puñetazo seco dirigido a las entrañas. Nada mejor para expresar ese dolor impregnado a fuego lento en la propia piel que ese inicial verso demoledor “me hago daño a mí mismo… sólo para comprobar que todavía puedo sentir”. El crepuscular vídeo de «Hurt» fue aclamado tanto por crítica como por el público e incluso por el propio Trent Reznor, quien afirmó que no ha vuelto a escuchar su propia versión desde que escuchó la inigualable realizada por Cash.
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