
Hace una semana y pico que ha empezado la nueva temporada de la NBA, algo que los aficionados al basket estábamos esperando como agua de mayo tras los dos acontecimientos que marcaron el final de la temporada anterior: el revival Celtics vs Lakers y, sobre todo, EL PARTIDO DEL SIGLO, la finalísima de los Juegos Olímpicos Usa-España. Este año todo apunta a una repetición de la final del curso pasado entre los de Boston, ahora con un año más en las piernas y con el ansia de conseguir el anillo - tras más de veinte años de espera - colmada - y los Lakers con la reincorporación, tras más de seis meses de inactividad a causa de una lesión de rodilla, de Andrew Bynun, pívot del que se espera grandes cosas pero que a mí no me termina de convencer.
En España, estaremos pendientes de nuestros jugadores y de lo que puedan aportar a sus respectivas escuadras. De Pau y de Calderón poco queda de añadir, tan sólo mencionar respecto del segundo que va directo al estrellato y a su primer All-Star, tras la confianza depositada por los dirigentes de los Raptors en forma de supercontrato. También se ha hablado sobre las posibilidades que tienen tanto Rudy Fernández como Marc Gasol de ser nombrados Rookie del Año. Olvidadlo. Derrick Rose, flamante base que el año pasado casi llevó él solito a la universidad de Memphis al título de la NCAA, y ahora en los Chicago Bulls, obtendrá el galardón de calle, aunque los nuestros brillarán con luz propia.
De Rudy se espera grandes cosas, siendo el principal peligro para que su carrera quede truncada, su entrenador Nate McMillan, el cual ha condenado al ostracismo a nuestro Sergio Rodríguez (¡Vuelve al Estu, Sergio!). Rudy ha hecho ya buenos partidos y parece que este primer año su papel será el de sexto hombre, tipo Manu Ginobili. Eso sí, los Blazers poco harán este año con Brandon Roy como figura. Roy es el típico jugador muy bueno de cuello para abajo, pero que flojea de cuello para arriba. Y Greg Odem, número uno del Draft del año pasado, va camino de convertirse en la reencarnación de Sam Bowie (También es mala suerte, la de los Blazers).
Marc hizo hace dos noches un partido monstruoso, con 27 puntos y 16 rebotes, pero en su caso el principal problema es el equipo en el que juega (una banda) y los compañeros que tiene (unos chupones), lo que dificultará enormemente que pueda hacer un número decente de tiros por partidos. Por una parte tenemos a Rudy Gay, un tres-cuatro que no es ni tres ni cuatro (esto es, sin tiro exterior fiable ni contundencia física para pelear bajo los aros) lo que no le impide tirarse hasta las zapatillas. Y por otra, al base rookie O.J. Mayo, ejemplo de base cerebral donde los haya, capaz de hacer el día de su debut 5 de 20 en tiros, perder 7 balones y repartir una mísera asistencia.

Y esto es algo que no cambia, la cantidad de tiradores a discreción que existen en esta liga y que atentan contra las más elementales (y altruistas) reglas del juego. En honor a la verdad tengo que decir que la figura del base chupón, salido de cualquier barriada neoyorquina, siempre me ha despertado una sincera admiración, quizá porque no dejan de ser unos incomprendidos que aplican una lógica aplastante: “ si lo puedo hacer yo, ¿ para qué se la voy a pasar a los demás?”.
Volviendo la vista atrás en el tiempo, uno recuerda la perfecta sinfonía que ejecutaban los Philadelphia Sixers del año 1977, lo más parecido al ejército de Pancho Villa que ha existido sobre una cancha. Estos Sixers quizá fueron la mayor recopilación de talento, jugador por jugador, concentrada en un equipo. Estamos hablando del Doctor J, de Henry Bibby, del gran George McGinnis, de Darryl Dawkins, etc…. Eso sí, talento disperso, en el que cada uno hacia la guerra por su cuenta y el juego de equipo brillaba por su ausencia, lo que motivó que perdieran la final de aquel año ante unos ordenados y mucho más discretos Blazers encabezados por Bill Walton. Uno no puede evitar hacer un paralelismo con los Parliament psicodélicos y psicotrópicos de George Clinton, Bootsy Collins, Bernie Worrell, etc…. que triunfaban en aquella época.
En ese equipo de los Sixers, destacaba por méritos propios, Lloyd Free, un alopécico base de 1,90 con licencia para tirar todo balón que llegara a sus manos. De este modo en un equipo que ha pasado a la posteridad por el carácter imprevisible de sus jugadores así como por su absoluta falta de disciplina, ni que decir tiene que Free nunca tuvo problemas de adaptación. Posteriormente su carrera discurrió por un sinfín de equipos perdedores siendo siempre criticado por forzar sus tiros - a pesar de los dobles y hasta triples marcajes que le sometían los equipos contrarios - y por preocuparse más por su producción estadística que del bien de sus equipos. Sin duda la mejor definición de Free apareció en el diario Village Voice neoyorkino, el cual publicó en su día: “El bien apodado Free es un jugador-callejero-pistolero-artista-showman que lanza tiros estratosféricos que parecen maravillosos retratos cuando entran o auténticos ladrillos cuando no encuentran su destino”.
Pero además de todo ello Free fue un adelantado a su época, un auténtico contrarrevolucionario dotado de un espíritu pacifista y hippie. Un poco excéntrico, todo hay que decirlo, hasta el punto de cambiarse legalmente su nombre por el de World B. Free (“Que el Mundo Sea Libre”), convirtiéndose por ello en uno de los jugadores más queridos en la liga desde finales de los 70 hasta mediados de los 80. Sobre las razones de este cambio se conocen dos versiones. Según una de ellas el cambio es un homenaje al apodo “World” que un amigo con el que jugaba le puso debido a su facilidad para realizar mates de 360 grados gracias a su salto vertical de 44 pulgadas (más de 110 cm). La segunda versión reza que, ebrio de egocentrismo, se dio cuenta de que la gente, al pronunciar su nuevo nombre, propagaría un mensaje de paz en el mundo. Decantándonos por esta segunda versión, hacemos desde aquí nuestro más sincero homenaje a tal insigne personalidad, un auténtico chupón pero con qué clase
Por último para terminar esta entrada de título digno de película de James Bond, uno no puede evitar hacerse eco de la irrupción en la competición de un talento sin igual, llamado a crear una época y a cambiar para siempre este deporte. Estamos hablando de un fino estilista, capaz de hacer mejor a sus compañeros gracias a su visión de juego, dotado de una zurda prodigiosa y con una muñeca espectacular desde más allá de la línea de tres puntos. Por todo ello, y sobre todo cuando le vemos elevarse sobre cuantos rivales han salido a su paso para depositar suavemente el balón sobre el aro, no podemos dejar de pensar ¡Que grande es este deporte cuando aparece alguien como él!
1 comentario:
http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2008/11/19/bloqueo_directo/1227114411.html
Parece que este coincide contigo en lo de Rose como rocky del año. A ver si acertáis.
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