miércoles, 14 de octubre de 2009

CANCIÓN DE CHIRINGUITO

¡Toma rareza! Como algunos sabrán Bruce Springsteen y la E. street Band se encuentran en la actualidad en el último tramo de su exitosa gira (¿de despedida?). Y estos últimos conciertos están siendo impagables. Primero por la ocurrencia de tocar de un tirón y siguiendo la secuencia original, discos completos de la extensa carrera del Boss. Así, ya se han interpretado Born to run ( a Meeting Across The River siempre le tiene que seguir Jungleland, sí o sí), Darkness in the Edge of Town, y Born in the USA (Mi propuesta desde este momento es para Nebraska… pero en versión enchufada, imaginad como quedarían Atlantic City, Reason o Johnny 99). Y en segundo lugar por el hecho de tocar en escenarios clásicos de la geografía norteamericana, que están viendo sus últimos días a la espera de ser demolidos en fechas ya cerradas, todo con vistas a la construcción de complejos comerciales. De este modo tras una tanda de cuatro noches seguidas en el Giants Stadium, situado en medio de ningún sitio de New Jersey. (Por favor, aprovechen para ver el episodio de la cuarta temporada de How i met your mother titulado I Hate New Jersey), ahora le toca el turno al mítico Spectrum de Philadelphia, otrora hogar de los Philadelphia Sixers, y cancha mítica-mítica de la NBA. Y Bruce se está despidiendo a lo grande, ya sea estrenando temas como Wrecking Ball, en homenaje a esas inmensas bolas de acero empleadas en las labores de demolición de edificios, o rescatando del baúl de los recuerdos joyas perdidas como esta olvidada Seaside Bar Song, antecedente claro de la archifamosa Rosalita.



lunes, 12 de octubre de 2009

EL MEJOR CONCIERTO DE MI VIDA



Reconozcámoslo, el plan era no era del todo apetecible. Y es que ver a Fito Páez subido en una carroza dentro de la marcha celebrada ayer con motivo de los festejos del día de la hispanidad no parecía el escenario ideal para disfrutar de este auténtico monstruo, casi completamente ignorado en nuestro país. Pero al final, aprovechando el buen rollo que me dejó la segunda parte de “Si la cosa funciona” (no así la primera y es que Larry David siempre me resultó muy cargante, pero bueno, un par de secundarios de antología y un desvarío final del maestro Allen consiguen salvar un más que previsible desastre), decidí quitarme la pereza y allí me planté en Atocha en medio de la marabunta.

Volvamos al plan, Fito cerraría el desfile en una actuación que se desarrollaría en la parte superior de un trailer acondicionado para la ocasión, todo ello recorriendo la distancia entre Atocha hasta la Plaza de Cibeles. Y no estaría sólo, sino que tendría como banda de acompañamiento a los Killer Burritos, ENORME grupo rocanrolero donde los haya, lo que sirvió para electrificar el ambiente desde el minuto uno. Y esa es otra, el ambiente. Fue empuñar la guitarra el maestro, y allí aparecieron todos los militantes dispuestos a recorrer el camino pegados al camión y no perderse ni el más mínimo detalle.

La primera parte fue de calentamiento (con problemas técnicos incluidos), aunque con momentos memorables como una versión en clave de Blues de Naturaleza Sangre, guiños a la numerosa parroquia argentina (con temazo de Charlie García) y ocasiones para dejar el lucimiento a los Killer Burritos. Aunque con Dar es Dar y 11 y 6 ya se intuía lo que estábamos a punto de presenciar

A medio camino, y con la militancia abriéndose paso entre el gentío que inundaba el Paseo de Recoletos, Fito anunció como si fuera el mismo flautista de Hamelín, “Vamos a hacer un poco de tiempo, que aún nos queda un rato para llegar a Cibeles”. Y ahí encadenó sólo al piano, Tumbas de la Gloria, Cable a Tierra, y sobre todo Y Dale Alegría a mi Corazón, creyendo yo por un momento que estaba en medio de la Bombonera de Boca Juniors ante los coros del personal que se abrazaba, lloraba y gritaba con toda su alma ante uno de esos momentos irrepetibles. Claro, que después vino el momento de Al Lado del Camino, y la catarsis colectiva (y en este caso itinerante) era total. Uno no podía dejar de fijarse, todo sin detenerse más de un minuto en este andar continuo, en las caras de felicidad del personal que venían conmigo acompañando a la comitiva más de un kilómetro abajo, cantando emocionado esa letra. ¿Cuánta gente puede haber en el mundo que sienta identificado con esas frases? Debíamos estar todos allí.

Y llegamos a Cibeles y el delirio. Fito dejó para el final sus himnos, A rodar la vida, Ciudad de Pobres Corazones, y Circo Beat (con el rap de Tercer Mundo acompañado con el riff de ….¡¡Heartbreaking de los Led Zeppelín !! ) Por último toda la plaza fue un clamor tarareando la majestuosa melodía de Mariposa Technicolor. Yo ese momento ya estaba derrengado y muerto de cansancio tras una caminata del copón que se había prolongado más de dos horas. Pero feliz, ya que en el recuerdo siempre quedará el mejor concierto al que he asistido en mi vida.