¡Toma rareza! Como algunos sabrán Bruce Springsteen y la E. street Band se encuentran en la actualidad en el último tramo de su exitosa gira (¿de despedida?). Y estos últimos conciertos están siendo impagables. Primero por la ocurrencia de tocar de un tirón y siguiendo la secuencia original, discos completos de la extensa carrera del Boss. Así, ya se han interpretado Born to run ( a Meeting Across The River siempre le tiene que seguir Jungleland, sí o sí), Darkness in the Edge of Town, y Born in the USA (Mi propuesta desde este momento es para Nebraska… pero en versión enchufada, imaginad como quedarían Atlantic City, Reason o Johnny 99). Y en segundo lugar por el hecho de tocar en escenarios clásicos de la geografía norteamericana, que están viendo sus últimos días a la espera de ser demolidos en fechas ya cerradas, todo con vistas a la construcción de complejos comerciales. De este modo tras una tanda de cuatro noches seguidas en el Giants Stadium, situado en medio de ningún sitio de New Jersey. (Por favor, aprovechen para ver el episodio de la cuarta temporada de How i met your mother titulado I Hate New Jersey), ahora le toca el turno al mítico Spectrum de Philadelphia, otrora hogar de los Philadelphia Sixers, y cancha mítica-mítica de la NBA. Y Bruce se está despidiendo a lo grande, ya sea estrenando temas como Wrecking Ball, en homenaje a esas inmensas bolas de acero empleadas en las labores de demolición de edificios, o rescatando del baúl de los recuerdos joyas perdidas como esta olvidada Seaside Bar Song, antecedente claro de la archifamosa Rosalita.
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